Es muy fácil. Parece muy fácil. Tiene que ser fácil. Si te concentras mucho y lo piensas, parece cuestión de chascar los dedos para cambiar a lo que sería mucho más fácil:
Que ayer te hubieras acostado un par de horas antes; que hubieras cogido la chaqueta porque hace frío; que dijeras en aquella conversación esa frase que en tu imaginación le deja KO.
Que no te comieras media barra de pan después de cenar; que no dijeras esa palabra con la que arruinaste una conversación y un estado de ánimo; que hubieras parado a tiempo.
Sería mucho más fácil que hubieras ido al concierto que llevabas meses esperando; que se hubiera sentido, simplemente, como tú; que hubieras disparado la foto.
Que te hubieras olvidado; que te hubieras acordado; que te hubieras ido; que te hubieras quedado; que hubieras estado cinco minutos más; que lo hubieras dicho; que lo oyeras de su boca; que se te hubiera ocurrido; que no se hubiera abierto la caja de Pandora.
Sería tan absolutamente fácil que parece que mientras lo piensas tiene que existir un lugar paralelo donde has tomado todas las decisiones fáciles y la gente, simplemente, se dedica a estar bien.
Sería tan fácil que parece estúpido que no hayas acertado. Sería tan fácil que te sorprendes haciendo fuerza, pensando que es cuestión de un clic. Mierda... si haces fuerza, ya no es tan fácil.
En la foto: lo fácil que es parar

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada